lunes, 27 de noviembre de 2006

Se-para-dos

El eterno indeciso
Se me nota, seguro. Se me nota porque con el resto de compañeras de piso no muestro más que una cortés indiferencia, pero a ella le cedo mi turno en la ducha aunque no me lo pida. Se me nota porque adapto mi horario al suyo, porque busco la excusa más tonta para cruzarme con ella, porque me despierto a las siete de la mañana aunque no tenga clase, sólo para poder mirarla a gusto y sin disimulo mientras desayuna. Ella aún está medio dormida y sin vestir, con las marcas de las sábanas en las mejillas. Me gusta cuando bosteza, arqueando la espalda, espantando los restos de sueño de sus párpados. Me gusta hacerla reír haciendo el idiota.La espío cuando está en el baño. Ella lo sabe, por eso deja siempre la puerta entreabierta. La observo frente al espejo y ella hace como que no me ve y me ofrece su cuerpo blanco y resbaladizo, salpicado de pecas que parecen estrellas.
Cuando tiendo en la terraza, huelo su ropa limpia, todavía mojada. Cuando está enferma se pone más pálida y apenas come, y entonces le llevo chucherías al cuarto y me lo agradece con una sonrisa en la que yo podría perderme días. Cuando le hago cosquillas se sonroja, sale corriendo en dirección al sofá entre carcajadas y así puedo perseguirla y apretarla fuerte contra mí.Me gusta adivinar su estado de ánimo por el tono de su voz, y, de noche, escuchar su música a través de la única pared que nos separa: Radiohead si está triste y llueve, Chet Baker si está alegre y frívola, Tom Waits los días impares, Jacques Brel para curarse las heridas, Wilco para abrirse el apetito, Jeff Buckley para casi todo.
Le dejo notas en su cuarto, a veces dibujos o postales en blanco y negro, incluso folletos de agencias de viajes con recorridos trazados por países que jamás conoceremos. Algunos días me pide que le anude el lazo de un vestido o que le cepille el pelo, y luego se lo recojo en una coleta alta y aprovecho para besarle el cuello, donde tiene la piel tan fina y suave que parece de mentira.

La nueva inquilina
Cada noche imagino que se colará en mi cuarto sin llamar a la puerta, yo le estaré esperando, le tenderé los brazos y se meterá en mi cama y todo ocurrirá, pero cada noche me quedo despierta, nerviosa, y no ocurre nada.

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